Gastroenterologia

 

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martes 29 de julio de 2008

Estrés y síndrome de colon irritable

Según la Asociación Española de Gastroenterología, el síndrome de colon irritable es el trastorno funcional digestivo más frecuente en la consulta médica. Sus síntomas principales son diarrea y estreñimiento -frecuente y crónico-, dolor o sensibilidad abdominal que se alivia tras las deposiciones, sensación de estar lleno, gases, distensión abdominal, vómitos, mareos, pérdida del apetito, ansiedad y depresión. Es una dolencia que acostumbra a cronificarse, aunque no se conoce ningún mecanismo único que lo explique.

La teoría más aceptada atañe a las alteraciones en el movimiento de la sensibilidad digestiva influenciadas por factores psicológicos. También se aceptan como factores influyentes otras alteraciones como gastroenteritis, intolerancias alimentarias, alteraciones hormonales o factores genéticos.

Más en mujeres

Aunque puede aparecer en cualquier persona independientemente de si es hombre o mujer, la gran mayoría de estudios ha constatado una mayor prevalencia en el género femenino (el doble). Sin embargo, ninguna investigación había explicado la causa de esta diferencia. Ahora se han encontrado algunas respuestas. Un equipo del grupo de investigación en Fisiología y Fisiopatología Digestiva del Institut de Recerca del Hospital Vall d'Hebron, de Barcelona, afirma que el exceso de estrés que afecta a las mujeres en la sociedad actual podría ser el desencadenante que altera el correcto equilibrio fisiológico del intestino.

A pesar de que esta enfermedad se relaciona a un buen pronóstico, lo cierto es que empeora enormemente la calidad de vida

El estudio, publicado en "Gastroenterology", se ha elaborado partiendo del conocimiento empírico y epidemiológico que siempre ha asociado estrés vital con la aparición de síndrome de colon irritable. Se sometió a voluntarias separadas estresadas y poco estresadas (de acuerdo con su nivel crónico de estrés basal) a un estrés agudo (sumergir la mano en agua helada) como agente nocivo, mientras se recogía líquido intestinal. Los resultados mostraron respuestas hormonales y del sistema nervioso similares. No pasó lo mismo con la respuesta psicológica y la de la mucosa intestinal, que fue distinta entre los dos grupos.

Esta diferencia se tradujo en una respuesta defectuosa caracterizada por una menor secreción de agua y por un aumento significativo de la permeabilidad de la mucosa en el grupo de mujeres estresadas. Según los investigadores, estas consecuencias podrían reducir la capacidad del intestino para eliminar los agentes externos nocivos, facilitando así el contacto prolongado de estos con el sistema inmunológico y provocando una extrema respuesta inflamatoria. En condiciones normales esta situación conlleva diarrea. El problema llega con la persistencia de esta respuesta, la cual podría representar la primera etapa en el desarrollo del síndrome del intestino irritable.

Asimismo, y aunque reconocen la necesidad de más estudios comparativos entre géneros, los investigadores aseguran que los resultados ayudan a entender la mayor prevalencia femenina de esta enfermedad, lo que facilitaría la detección de personas con riesgo de desarrollar la enfermedad y, por tanto, establecer mecanismos de prevención para reducir el número de afectadas.

Peor calidad de vida

El espectro de gravedad del síndrome de intestino irritable es muy variable, y se pueden encontrar desde pacientes con molestias leves a afectados con síntomas incapacitantes. En un trabajo de 1992, los investigadores Doug Drossman (EE.UU.) y Grant Thompson (Canadá) consideraban que cerca de un 70% de los casos eran leves, un 25% intermedios y un 5% graves. Estudios más recientes, no obstante, confirman que la tasa de prevalencia de cuadros más graves es superior. Aun así, esta dolencia continúa considerándose por muchos un trastorno trivial.

Y es que esta enfermedad se asocia, en general, con un buen pronóstico y una expectativa de vida similar a la de pacientes sin la enfermedad. El problema está en el empeoramiento de la calidad de vida: limitaciones sociales, absentismo laboral o reducción de la actividad física y la sensación de cronificación ya que, además, no existe aún ningún tratamiento curativo definitivo.

De hecho, el mejor tratamiento se limita a aliviar los síntomas. Cambios en la dieta (que no siempre funciona) con aumento de fibra y reducción de sustancias que favorecen la aparición del síntoma (cafeína o alcohol, entre otros) y medidas para disminuir la ansiedad (como la práctica de ejercicio, por ejemplo), son algunas de las medidas a tomar. Los medicamentos deben reservarse para cuando la intensidad de los síntomas lo aconseje, y se dirigen a controlar el síntoma concreto predominante. En este caso, se acostumbran a recomendar inhibidores de los espasmos (espasmolíticos), estimulantes de la movilidad, antidiarreicos, laxantes, antidepresivos y ansiolíticos.

LA RESPUESTA AL DOLOR

El estudio de Vall d'Hebron no es el primero que relaciona el factor de género con el desencadenamiento de síndrome de colon irritable. Una investigación realizada en la Universidad de California (Los Ángeles, EE.UU.) lo ha tenido de nuevo en cuenta, relacionando género con dolor. La conclusión a la que llegan los autores es que las mujeres con este síndrome no pueden desactivar de forma eficaz un mecanismo de modulación del dolor en el cerebro, lo que las hace más sensibles al dolor abdominal. Así, las mujeres con síndrome de colon irritable responden de forma diferente al dolor que las que no lo padecen.

Estudios previos ya habían confirmado que el cerebro, en condiciones normales, se prepara para el dolor inhibiendo o amplificando la experiencia dolorosa. Si se trata de un dolor moderado, el cerebro se prepara inhibiendo la intensidad del dolor. Por el contrario, si se percibe un posible dolor agudo, el cerebro amplifica la respuesta al mismo para reaccionar más rápidamente y minimizar posibles daños. Parece ser que las mujeres con síndrome de colon irritable no tienen esta capacidad amplificadora, por lo que son más sensibles incluso al dolor moderado.

En la elaboración del estudio, la actividad cerebral frente al dolor se registró por resonancia magnética. Ante el malestar, las mujeres sin síndrome redujeron la actividad en las áreas cerebrales relacionadas con el dolor, así como la estimulación emocional. Esta actividad no se redujo en las mujeres con el síndrome. Steven Berman, autor principal del estudio, asegura que "la hipersensibilidad abdominal que caracteriza al síndrome de colon irritable podría representar la incapacidad de inhibir los circuitos del dolor y la estimulación emocional".

http://www.consumer.es/


Enviado por Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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La deficiencia de vitamina D es frecuente en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal

Autora: Michelle Rizzo
Publicado em 03/07/2008

Los hallazgos de un estudio publicado en junio en American Journal of Gastroenterology indican que la deficiencia de vitamina D en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal se correlaciona con una menor densidad mineral ósea.

El Dr. William D. Leslie y sus colaboradores de la Universidad de Manitoba de Winnipeg (Canadá), señalan que “sabemos que los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal tienen una incidencia más elevada de osteoporosis y de fracturas aunque la implicación de la deficiencia de vitamina D en estos trastornos óseos es dudosa”.

Los investigadores identificaron pacientes adultos con diagnóstico reciente de enfermedad inflamatoria intestinal en el IBD Research Registry de la Universidad de Manitoba, y determinaron al inicio la densidad mineral ósea y la concentración sérica de 25-hidroxivitamina D [25(OH)D] en un subgrupo de 101 pacientes.

De los 101 pacientes, solo 22 (21,8%) tenían una concentración adecuada de 25(OH)D (75 nmol/l o más). Seis pacientes (5,9%) tenían una concentración deficiente, 38 (37,6%) insuficiente y 35 (34,7%) una concentración mínima.

Había una relación entre concentración sérica elevada de 25(OH)D y mayor densidad mineral ósea en la columna lumbar (p < 0,01), en el fémur proximal (p < 0,05), y corporal total (p < 0,05).

Por cada desviación estándar de descenso en las concentraciones séricas de 25(OH)D se observó una reducción de la densidad mineral ósea de un 3,4% en la columna, un 2,9% en el fémur proximal y un 2 % en la corporal total.

En 94 de los 101 pacientes estudiados se repitió la determinación de la densidad mineral ósea 2,3 años después, y se observó una correlación positiva entre el aumento de la densidad mineral ósea corporal total en este periodo de tiempo y la concentración sérica de 25(OH)D (p < 0,05).

Según declaraciones del Dr. Leslie a Reuters Health, “la normalización inmediata de la vitamina D ayuda a prevenir los trastornos óseos asociados a enfermedad inflamatoria intestinal”.

El siguiente objetivo de nuestro equipo es “averiguar si es la deficiencia de vitamina D o el grado de actividad de la enfermedad inflamatoria intestinal lo que conduce a la pérdida progresiva de densidad mineral ósea”.

http://www.medcenter.com/

 

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martes 22 de julio de 2008

Una nueva técnica de cirugía bariátrica mediante gastrectomía tubular conserva la función duodenal y evita el vaciamiento gástrico rápido.


Una nueva técnica de cirugía bariátrica mediante gastrectomía tubular conserva la función duodenal y evita el vaciamiento gástrico rápido.

Autora: Jacquelyn K. Beals
Publicado em 20/06/2008

Una nueva técnica quirúrgica para el tratamiento de la obesidad mórbida consigue mejores resultados que la gastrectomía tubular y resuelve gran parte de la comorbilidad. Esta nueva técnica, denominada gastrectomía tubular con derivación intestinal se presentó en el XXV Congreso Anual de la American Society for Metabolic & Bariatric Surgery.

Se realizó un estudio prospectivo en un solo hospital en 106 pacientes de 17 a 67 años de edad (media: 43 años) con obesidad mórbida (índice de masa corporal [IMC] > 40 kg/m2 ó IMC > 35 kg/m2 con comorbilidad). En todos los pacientes se efectuó una gastrectomía tubular con derivación intestinal mediante laparotomía o laparoscopia con un seguimiento a 1, 3, 6, 12, 18, 24, y 36 meses de la cirugía. Los factores estudiados eran el IMC, la pérdida de peso, las complicaciones y los cambios en la comorbilidad.

En esta presentación, el Dr. Munir Alamo del Hospital Dipreca de Santiago de Chile, describió la comorbilidad inicial de los pacientes. Las más frecuentes eran hipertensión arterial (46,2% de los pacientes), resistencia a la insulina (43,4%) y dislipidemia (40,6%). Además, el 25% de los pacientes tenía enfermedad tiroidea y el 20% reflujo gastroesofágico.

La nueva técnica consiste en “crear un tubo gástrico” que preserva el píloro, y un asa en Y de Roux del intestino delgado de aproximadamente 300 cm de longitud. El asa del intestino delgado empieza a 30-40 cm del ligamento de Treitz. La porción del intestino delgado puenteada no se extirpa.

El Dr. Alamo explicó esta técnica a Medscape General Surgery. "Hay dos razones por las que no es necesario extirpar el intestino delgado. La primera es que supone una agresión innecesaria, prolonga la intervención y añade morbilidad”. La segunda es que "el péptido tipo glucagón [GLP]-1 favorece o podría favorecer a largo plazo la secreción de insulina en [algunas] células beta del páncreas. Por lo tanto, es mejor si contamos con un exceso de producción de insulina". Señaló también que el proceso es reversible porque es posible reanastomosar el intestino delgado.

Al comienzo del estudio, el IMC medio era 40,6 kg/m2 y el peso medio era 108,4 kg. En la evaluación realizada 36 meses después de la cirugía, el IMC medio era 26,6 kg/m2 y el peso medio era 73,2 kg. El porcentaje medio del exceso de peso perdido a los 36 meses era del 67,8%.

El estudio también evaluó el efecto en la comorbilidad de los pacientes. La hipertensión arterial mejoró o se normalizó tras la cirugía en el 89%, la resistencia a la insulina en el 96%, las dislipidemias en el 95%, la diabetes en el 86%, la enfermedad tiroidea en el 36% y el reflujo gastroesofágico en el 86%. Más del 90% de todas las comorbilidades mejoraron o desaparecieron en los 36 meses siguientes a la cirugía.

La mayoría de los pacientes tratados mediante gastrectomía tubular con derivación intestinal tenían una sensación de saciedad tras ingerir una cantidad de alimentos relativamente escasa. El Dr. Alamo explicó que una razón que justifica la sensación de saciedad "es la derivación ileal que estimula la secreción de GLP-1 y [péptido YY].... Estas dos hormonas producen saciedad, una sensación de plenitud. Esta es la razón por la que en nuestra opinión estos pacientes consiguen perder más peso que con la gastrectomía tubular simple. Y no necesitamos otro tipo de cirugía...para tratar a estos pacientes".

En el estudio no se detectó un síndrome de vaciamiento gástrico rápido, y la albuminemia y las pruebas funcionales hepáticas eran normales. Ningún paciente del estudio presentó malnutrición y no hubo fallecimientos. Las ventajas de esta nueva técnica son la conservación de la porción duodenal de absorción del hierro y del acceso a la ampolla de Vater con fines diagnósticos o terapéuticos.

Los investigadores concluyen que la gastrectomía tubular con derivación intestinal es una "técnica quirúrgica nueva, segura y eficaz". Quedan por determinar sus resultados a largo plazo.

El comoderador de la sesión, el Dr. John Dixon del Centre for Obesity Research and Education de la Universidad Monash de Melbourne (Australia), explicó el estudio a Medscape General Surgery y señaló que "esta cirugía es una gastrectomía tubular y una versión reducida de la derivación yeyunoileal desacreditada hace muchos años. El problema era dejar el extremo ciego del intestino sin un tránsito natural... Otros especialistas han realizado una cirugía similar con restricción gástrica y extirpación de este segmento intestinal, lo que probablemente elimina un problema”.

Varios asistentes manifestaron sus dudas respecto a esta técnica por al asa ciega de intestino remanente y hasta cierto punto por ser una pequeña reinvención de una técnica desacreditada hace muchos años. Sin embargo, el Dr. Dixon advirtió que en este estudio los pacientes no presentaron los problemas de insuficiencia hepática, proliferación bacteriana, malabsorción grave o cálculos renales asociados a la técnica desacreditada.

El Dr. Dixon añadió que "de hecho, estaban realizando esta derivación para tratar de mejorar la diabetes. En realidad, la duda es si los resultados habrían sido exactamente los mismos con la gastrectomía tubular simple".

http://www.medcenter.com/

 

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martes 15 de julio de 2008

El 50 por ciento de los mayores de 50 años no se realizan pruebas para detectar el cáncer colorrectal

Entre los factores que influyen en la realización de dichas pruebas se incluyen desde la existencia o no de un seguro médico, el nivel cultural y económico, hasta el número de visitas a la consulta médica

Madrid (15/07/08).- Sólo la mitad de la población con 50 años o más en los Estados Unidos se realizo pruebas para detectar el cáncer colorrectal en 2005, según un estudio de los Centros de Prevención y Control de la Enfermedad en Atlanta (Estados Unidos) que se publica en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers and Prevention.

Según explica Jean A. Shapiro, epidemiólogo del centro estadounidense, "el cáncer colorrectal es uno de los tumores con mayor mortalidad en los Estados Unidos, por detrás sólo del cáncer de pulmón. Las pruebas de detección han mostrado reducir la mortalidad por cáncer colorrectal pero muchas personas continúan sin realizárselas".

Shapiro señala que el principal problema parece ser la cobertura sanitaria. Entre quienes no tienen cubierta la sanidad, los investigadores descubrieron que la tasa de pruebas realizada era del 24,1 por ciento en comparación con el 50 por ciento de las personas aseguradas, dependiendo del tipo de seguro. Entre los pacientes sin un recurso habitual de atención médica, la tasa de pruebas era del 24,7 por ciento en comparación con el 51,9 por ciento de pacientes con una cobertura habitual.

Según el investigador, si se pudiera aumentar el número de personas que tienen cubierta la atención sanitaria deberían también aumentar las tasas en la realización de estas pruebas de detección.

Además de en el caso de los seguros médicos, los investigadores descubrieron también cómo otros factores influyen en la realización de las pruebas. Así, en lo que se refiere a la educación, el 37 por ciento de las personas que no terminaron la secundaria pasaron por estas pruebas frente al 60 por ciento en el caso de los graduados universitarios.

En cuanto a los ingresos de la unidad familiar, el 37,4 por ciento de las personas que ganaban menos de 20.000 dólares al año pasaban por la prueba frente al 58,5 por ciento de aquellos que superaban los 75.000 dólares de renta anual. La frecuencia en las consultas médicas también tenía importancia a la hora de realizarse las pruebas o no hacerlo. Sólo el 19,5 por ciento de aquellos que no habían visitado a un médico en el pasado año pasaban por los análisis frente al 52,5 por ciento de aquellos que al menos habían visitado al médico entre dos y cinco veces en el año anterior.

Además, según los investigadores, alrededor del 50 por ciento de los pacientes que no habían pasado por las pruebas decían que "nunca habían pensado en ello", mientras que el 20 por ciento decía que "su médico no se lo había indicado".

Los datos proceden de la encuesta nacional sobre salud 2005 de los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades en la que participaron 30.873 personas. Para su estudio, los investigadores se centraron en 13.480 pacientes que tenían más de 50 años.

http://www.azprensa.com/

 

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martes 8 de julio de 2008

El reemplazo hormonal podría elevar el riesgo enfermedad de la vesícula biliar de una mujer

Sin embargo, un estudio halla que si la terapia no se recibe por vía oral se podrían reducir las probabilidades

Por Amanda Gardner
Reportero de Healthday

(FUENTES: Patricia J. Sulak, M.D., professor, obstetrics/gynecology, Texas A&M Health Science Center College of Medicine, and an obstetrician/gynecologist, Scott & White; Bette Liu, clinical epidemiologist, University of Oxford, U.K.; July 10, 2008, online edition, British Medical Journal)

JUEVES, 10 de julio (HealthDay News/Dr. Tango) -- Una mujer posmenopáusica que usa terapia de reemplazo hormonal (TRH) podría incrementar su riesgo de enfermedad de la vesícula biliar, según los investigadores, aunque el riesgo parece variar según la manera como recibe las hormonas.

"Para las mujeres que usan TRH, el riesgo de enfermedad de la vesícula biliar es menor si reciben la terapia por parche o gel, en lugar de tableta", anotó la Dra. Bette Liu, epidemióloga clínica de la Universidad de Oxford en el Reino Unido.

"Existe evidencia creciente de que el parche podría tener menos efectos negativos que la pastilla. Necesitamos asegurarnos de que estamos hablando del parche de terapia de hormonal para la menopausia, no del anticonceptivo. Podría haber menos efectos adversos que si se toma estrógeno por vía oral", señaló la Dra. Patricia J. Sulak, profesora de ginecoobstetricia del Colegio de medicina del Centro de ciencias de la salud Texas A & M y ginecoobstetra de Scott & White.

Según Sulak, quien no participó en el estudio, la terapia hormonal se puede administrar por vía no oral de varias maneras, como gel (para frotar), el parche y hasta en aerosol.

Los parches y geles no solo son administrados en dosis bajas sino que no es necesario que sean metabolizados por el hígado, lo que reduce sus efectos sobre la vesícula, explicaron los autores. La vesícula biliar almacena la bilis producida en el hígado y menos estrógeno acumulado en la bilis podría explicar la reducción en el riesgo, según anotó el equipo.

Los hallazgos fueron publicados esta semana en la edición en línea de la revista British Medical Journal.

Grandes cantidades de mujeres siguen usando la TRH para aliviar los síntomas de la menopausia, a pesar de la evidencia de que tiene diversos riesgos para la salud, como mayores probabilidades de cáncer de mama y accidente cerebrovascular.

El riesgo de desarrollar enfermedad de la vesícula también aumenta al llegar a la menopausia y los expertos han sabido por mucho tiempo que la TRH aumenta este riesgo. Hasta ahora, sin embargo, nadie ha analizado si el riesgo varía según como se administre la TRH. Un estudio reciente sí halló que el riesgo de coágulos era inferior entre las mujeres que usaban TRH por partes en la piel, en comparación con las pastillas.

En el nuevo estudio, Liu y sus colegas examinaron datos sobre más de un millón de mujeres que habían participado en el Estudio del millón de mujeres en Inglaterra y Escocia. La edad promedio de las mujeres era de 56 y se les dio seguimiento durante un promedio de seis años.

Las mujeres que actualmente utilizaban TRH tenían 64 por ciento más probabilidades de resultar hospitalizadas por enfermedad de la vesícula, pero solo tuvieron 17 por ciento más probabilidades de ser admitidas si habían usado geles o parches.

Las dosis superiores de estrógeno se relacionaron con un mayor riesgo, en comparación con las dosis más bajas. El riesgo también se redujo entre más tiempo hubieran pasado las mujeres sin usar la TRH, aunque seguía habiendo algo de riesgo una década después de suspender el tratamiento.

El riesgo parecía reducirse principalmente al estrógeno. Agregar progesterona no tuvo un impacto significativo sobre el riesgo de enfermedad de la vesícula.

Los implantes de estrógeno implicaron un nivel de riesgo que se ubicó por debajo del que enfrentan las usuarias de TRH oral y las usuarias de parches o geles.

Entre las mujeres que usaron TRH, una colecistectomía (extirpación de la vesícula biliar) se pudo evitar por cada 140 mujeres que usaron terapia transdermal en lugar de terapia oral en un periodo de cinco años, según halló el equipo.

Según el estudio, cerca de 1.1 por ciento de las mujeres de mediana edad del R. U. que nunca han usado TRH terminarán sometiéndose a una colecistectomía. La proporción aumenta a 1.3 por ciento entre las mujeres que usaron parches o gel y a 2 por ciento para las mujeres que tomaron TRH en pastilla.

"A la mayoría de la gente le va bien con las pastillas, aunque algunos pacientes propensos a la enfermedad de la vesícula biliar o hasta a coágulos podrían obtener mejores resultados con el parche", señaló Sulak. "Sin embargo, no todas las mujeres pueden tolerar el parche. Podrían sufrir reacciones cutáneas o el parche se podría desprender".

http://healthfinder.gov/

 

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martes 1 de julio de 2008

¿Por qué las mujeres sufren con más frecuencia el Síndrome del Colon Irritable?

- Por primera vez, investigadores de l’Institut de Recerca de l’Hospital de la Vall d’Hebron de Barcelona aportan una pista sobre esta cuestión.

- El Síndrome del Colon Irritable es la enfermedad gastrointestinal más frecuente de la práctica clínica. Aún así, hasta ahora, no se han descrito las razones concretas por las cuales se produce.

Un equipo de investigadores del grupo de investigación en fisiología y fisiopatología digestiva de l’Institut de Recerca de l’Hospital Universitari de la Vall d’Hebron de Barcelona ha publicado un artículo en la revista científica Gastroenterology, donde se describen los mecanismos fisiopatalógicos que podrían explicar por qué las mujeres padecen con el doble de frecuencia el denominado ‘Síndrome del Colon Irritable’. El exceso de estrés que sufren las mujeres en nuestras sociedades se configura como el desencadenante que altera el correcto equilibrio fisiológico del intestino.

Los investigadores de l’Institut de Recerca de l’Hospital Universitari de la Vall d’Hebron (IR-HUVH) han demostrado que el exceso de estrés vital produce, entre otros perjuicios, una alteración en la barrera intestinal. En particular el cúmulo de situaciones vitales comunes (por ejemplo, como más frecuentes: muerte o enfermedad de familiares, hipoteca, problemas laborales o sentimentales) durante el último año, provoca respuestas anómalas en la mucosa del yeyuno (intestino delgado) que desequilibran la correcta regulación de su fisiología.

Los autores de este estudio, partiendo del conocimiento empírico y epidemiológico que asociaba el estrés vital con la aparición del Síndrome, diseñaron un experimento para intentar descifrar la posible relación del estrés con la predominancia femenina. Para ello seleccionaron voluntarias sanas separadas en dos grupos, estresadas y poco estresadas, de acuerdo a su nivel crónico de estrés basal, a las que se sometió a un estrés agudo (sumergir la mano en agua helada), a modo de agente nocivo, mientras se prefundía y recogía el líquido intestinal.

Los resultados indican que la respuesta hormonal (progesterona, estradiol, cortisol) y del sistema nervioso (frecuencia cardíaca y presión arterial) al estrés agudo fue similar en los dos grupos. Sin embargo, la respuesta psicológica, mayor en magnitud, y, sobre todo, la respuesta de la mucosa intestinal, fueron diferentes en el grupo de mujeres estresadas. En concreto, el intestino de estas mujeres mostró una respuesta defectuosa dominada por una menor secreción de agua y por un aumento significativo de la permeabilidad. Esta respuesta podría reducir la capacidad del intestino para arrastrar los agentes exógenos nocivos y facilitar así el contacto prolongado de éstos con el sistema inmunológico provocando de esta forma una respuesta inflamatoria exagerada (hay que pensar que un 80% del sistema inmune está localizado debajo de la superficie del intestino).
En condiciones normales, ante un estímulo nocivo (un agente tóxico, por ejemplo, o una infección), la mucosa intestinal disminuye su capacidad para absorber el contenido del tubo digestivo (permeabilidad) y secreta gran cantidad de agua para “arrastrar”, excretar, lo más rápido posible, el agente nocivo hacia el exterior. En esta situación, normal y fisiológica, podemos padecer una diarrea transitoria.

Un síndrome muy frecuente y sin tratamiento

El Síndrome del Colon Irritable (o del Intestino Irritable) es la enfermedad gastrointestinal más frecuente en clínica observada en el mundo occidental, pues afecta a un 10-15% de la población adulta y representa, según los expertos, el 1-2% de todo el gasto sanitario. Su sintomatología incluye dolor abdominal crónico y recurrente acompañado de alteraciones del ritmo intestinal que van desde el estreñimiento hasta la diarrea intermitente crónica pasando, en el caso de algunos pacientes, por períodos alternantes de estreñimiento y diarrea. Esta sintomatología puede durar incluso varios años seguidos. El diagnóstico se sustenta fundamentalmente en la naturaleza crónica de los síntomas sin la existencia de signos evidentes de enfermedad orgánica.

Punto de partida para la prevención

Los investigadores intuyen y sugieren que la persistencia de esta respuesta anómala del sistema inmune podría representar la primera etapa en el desarrollo del Síndrome del Intestino Irritable y ayudar a entender la mayor prevalencia femenina, aunque los responsables reconocen la necesidad de hacer estudios comparativos entre géneros. Más aún, los datos acumulados en otros estudios demuestran que las infecciones gastrointestinales son el factor causal más directamente ligado a la aparición del Síndrome de Intestino Irritable, como lo indica, entre otros, un estudio realizado en nuestro medio tras la intoxicación con cocas contaminadas por S. enteritidis acaecida en Torroella de Montgrí (Gastroenterology 2005; 129:98-104). Se percibe que la aparición de una infección intestinal en personas sanas, pero predispuestas, con un intestino estresado puede detonar, con gran probabilidad, una respuesta inflamatoria local persistente que determine la iniciación del síndrome del intestino irritable.

Los datos de este estudio pueden permitir detectar personas de riesgo o susceptibles de desarrollar esta enfermedad. Y, a su vez, establecer mecanismos de prevención que disminuyan el número de personas afectadas por una enfermedad que genera una severa disminución de la calidad de vida y que no tiene un tratamiento efectivo.

http://www.portalesmedicos.com/

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